Sí, me había enamorado una vez de los piolines que movían la circunferencia en la que me subía a surfear las olas de un mar dulce. Y tan enamorado estaba, que de las manos me salieron tantas ganas de tenerla por tenerla, acariciarla por acariciarla y mis dedos se volvieron enredaderas. Enredaderas que enredaban ilusiones falsas que en primavera daban flores amarillas sin sabor ni olor. Flores de mentira. Flores de juguete, de plástico como el cuerpo de los carros de juguete con las que jugaba a ser piloto de nascar y que después rodaban por la habitación. De eso me enamoraba cuando quería querer, de unas ganas imposibles sin concretar, de algo falso que se inventaba tan perfecto en mi cabeza. En mi cabeza enamoradiza con antojos propios de mi edad, con sueños por atrapar. Con una lista de ilusiones que quizás no me anime nunca a hacerlas realidad, todo por miedo a fracasar.
Mi chica revolucionaria.
Este es un poema de Benjamin Griss, que la primera vez que lo lei, me fasciono, se lo dedique a mi chica favorita. Hoy dedico un espacio en mi blog a este gran escritor, para que tanto a ustedes como a mi, lo disfrutes con ese alguien. "Es una chica llena de sorpresas y le gusta que la sorprendan, que la tomen de la cintura, que la saquen a bailar bajo cualquier tormenta, que la abracen por la espalda, que le den vuelta a su mundo, que dejen ir trenes, por quedarse a su lado. Lleva como corona las espinas que le dejaron sus amores, ríe como una loca cuando escucha su canción favorita sonar y otras veces llora como loca cuando escucha que han dejado de dedicarle canciones hace mil sonrisas. Pareciera que la hayan sacado de cualquier libro, dramática, inevitable, imprescindible, lo de ella es el vértigo cuando se enamora, ya luego sus heridas hablan de su infie...
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